1 jun. 2015

Donde este una buena vegana...


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La cena debía ser perfecta. Tras quince días de flirteo, Elena, accedió a cenar en casa. Solos. La cosa prometía, sobre todo después de indicarme que no soportaba la carne. Eso simplificaba las cosas.

            Los langostinos de Vinaroz habían sido difíciles de encontrar, pero merecía la pena. Su sabor dulce y delicado combinaba a la perfección con un Verdejo blanco bien frío de Rueda. Y con sus ojos, de un verde esmeralda que me trajo recuerdos a mar mientras saboreaba el primer langostino.

            Los corazones de alcachofas con almejas iban aderezados con un poco de pimentón picante, alegra el conjunto y se deja acompañar por el blanco. Elena los aceptó regalándome una sonrisa. Yo opté por un carpaccio de lomo ahumado extremadamente fino y apenas aderezado con una vinagreta de alcaparras. Los ahumados son mi especialidad. La explosión del gas que sonó al saltar el corcho de la botella de espumoso rosado, hizo que Elena me regalara un gritito de sorpresa y satisfacción. Su plato y copa vacíos me indicaban que todo iba sobre ruedas.

            Como plato fuerte opté por servirle unas kokotxas de merluza en salsa verde. Yo, por el contrario, me serví un entrecot poco hecho aderezado en sartén con sal y pimienta y terminado con el aroma del romero y la mantequilla con el que le daba los toques finales. Elena  me indicó que llenara su copa con el tinto de Ribera de Duero que acaba de abrir para acompañar a la carne. Su mirada, y el comentario sobre lo agradable que era la escasez de ajo en las kokotxas para no estropear la velada, excitaron mis sentidos al pensar en lo que me esperaba en unos momentos. Empezaban  a notarse los efectos.

            Cuando acabó con el coulant de chocolate y resto de los vinos, Elena estaba ya tendida sobre la mesa metálica del sótano. El frío que notó en su espalda la hizo estremecerse con un movimiento lento. El narcótico había hecho su efecto, pues apenas se sorprendió cuando me vio acercarme con el cuchillo de carnicero. De hecho, ni notó el limpio corte que le seccionó la yugular. Tenía que ser perfecto para que se desangrara de forma correcta y pudiera despiezarla adecuadamente.

            Hoy, mientras disfruto de un Steak Tartar apenas condimentado, me sorprende ver el dulce sabor de las vegetarianas. Y aunque os pueda parecer que es una opinión personal, estáis equivocados. Mis clientes aprecian su sabor en las hamburguesas especiales que periódicamente pongo a la venta en mi carnicería.  Las siguientes, prometo que serán de vegana.    

 

                                                                       Jesús Coronado