6 dic. 2012

Dos años





Dos años




        Lo despertaron el calor y una pesada sensación de asfixia. Le costaba abrir los ojos, y cuando los creyó tener abiertos, sólo encontró oscuridad. Sentía su mente abotargada y sus miembros apenas respondían a sus órdenes, se encontraba inmóvil, sólo la cabeza obedecía a duras penas.

        Intentó concentrarse para averiguar donde estaba y como llegó allí. En su mente empezó a vislumbrar imágenes de un rostro conocido. De una cena que prometía un dulce final. De su sonrisa. De la copa de vino que le acercó a los labios prometiéndole otro néctar más cálido. Y de cómo su rostro empezó a difuminarse para despertar en esta negra y brumosa oscuridad.

        La sensación de calor se hace más agobiante, y aunque intenta mover sus miembros, no lo consigue. Sólo atisba un tenue resplandor rojizo que se va filtrando lentamente a través de una negrura  que empieza a descubrirle el lugar donde se encuentra.

        Mientras, Sara, con su traje negro, esboza una tenue sonrisa fingiendo recordar buenos momentos. Y al salir con la excusa de fumar un cigarrillo, solo puede pensar como el fuego ha empezado a darle forma por fin a  su plan. Dos años de aguantar al vejestorio de su marido son demasiados. Aunque… la herencia y su joven amante pronto le ayudarán a olvidar.


                                                                                         Jesús Coronado 2012

22 nov. 2012

EL POZO




       
Aquel callejón rezumaba historia y recuerdos en cada una de sus paredes. Recuerdos tan abundantes como los chorreones de suciedad que caían de los tejados hasta perderse en el suelo. Aun puedo sentir el transcurrir de mi niñez en el. Y aunque hoy  está vacío, treinta años atrás era un lugar rebosante de vida. De niños corriendo sin miedo; de madres sentadas a la puerta con sus sillas para cotillear sobre los devaneos y la indumentaria  que la joven del portal tres originaba, de lo poco que les gustaba a ellas y de lo mucho que nos gustaba a nosotros; los padres en un aparte echando una partida al dominó; y nosotros, críos con doce años y ganas de comernos el mundo sin pensar en las consecuencias.

        Junto al callejón aún sigue existiendo aquel puente sobre el barranco. Un barranco por el que nunca discurrió el agua, solo un riachuelo sucio de Dios sabe que líquido saliendo de aquella fábrica que hoy esta en ruinas. Y el pozo. Hoy tapado con una plancha metálica. Aquel pozo era nuestro león de la sabana que los jóvenes de algunas tribus tienen que matar para demostrar su hombría.       Al cumplir los doce años era costumbre que el pozo fuera saltado ante la atenta mirada del resto de la  pandilla para demostrar que dejábamos de ser niños y formar parte del grupo.

        Luis era el más delicado de todos nosotros. Las malas lenguas decían que era “marica”. Pero decirlo en voz alta suponía terminar escupiendo sangre a manos de su hermano Juan. Ser el mayor y el más corpulento del grupo tenía sus ventajas, pero su propio orgullo también le impulsó para obligar a su hermano a que superara la prueba como el resto de la pandilla. Luis y yo teníamos la misma edad, y aquella tarde fue la elegida para cumplir con el rito. Yo, demostré que mi semana de ensayos sobre un círculo pintado en la arena no habían sido en vano, pero Luis no estaba por la labor. El miedo superaba cualquier intención que tuviera de saltar. Su hermano Juan le cortaba el paso a su espalda, obligándole a enfrentarse a aquel agujero negro y oscuro que se le debía antojar la mismísima boca del infierno. Yo, desde el otro lado y totalmente eufórico por la adrenalina generada al superar el reto, le increpaba ferozmente sin causarle efecto alguno, hasta que de mi boca salió aquella palabra vetada. ¡Marica!. Su reacción fue inmediata. Como si tuviera sus pies sobre brasas ardientes se abalanzó sobre mi superando el miedo que le producía  pozo. Pero su impulso no fue suficiente. Resbaló al llegar a mi altura y cayó. Apenas pude rozar mi mano con la suya al intentar sujetarle. Hoy, aun recuerdo aquella mirada de terror en sus ojos al comprender que caía sin remedio en la profunda oscuridad; y la de su hermano Juan con un  odio desmedido mientras gritaba su nombre sin recibir respuesta.

Estuve un mes sin salir de casa por miedo a las represalias, y para mi suerte, al final de aquel verano nos trasladamos a un bloque de apartamentos en otro barrio.   


        Juan me ha localizado años mas tarde, hace tan sólo  unos días. Y tras hablar conmigo pude ver en sus ojos que por fin, había alcanzado la paz consigo mismo. Yo en cierta forma, también. Pues algo me dice que sus días y los míos  de recorrer este mundo acaban aquí, en el pozo. Él, por haber cumplido con la deuda de sangre que juró cumplir por la muerte de su hermano. Yo, porque necesitaba volver al lugar donde  ahora reposa mi cuerpo.



                                                              Jesús Coronado

22 oct. 2012

El curso de la naturaleza


                                                         

        El curso de la naturaleza




Sus besos siempre me resultan familiares. Sus caricias tan cercanas que mi piel puede sentir la afinidad de su piel. Pero me da igual, noche tras noche nuestros cuerpos se unen hasta saciarse de estar en cueros.  Luego, abandona mi habitación en silencio y me deja a solas, inmóvil, a oscuras.

Y así todos los días que mi mente alcanza a recordar. He llegado a considerar que la vida está compuesta de esta rutina, que de algún modo considero placentera. Y aunque a veces percibo sensaciones que no sabría clasificar, las desecho, pues aunque siempre siento familiaridad en los encuentros, en todos ellos hay algo diferente. Amor, sí, pero con matices.

El comedor a la hora del almuerzo y la cena es un autentico caos. Diez personas son muchas para mantener un cierto orden, pero tanto Luis como María han desistido hace ya tiempo de intentar dominar la situación. Se limitan a servir la mesa y a dejar que todo fluya como un riachuelo. Al final siempre termina encontrando el cauce del río.     

Hoy, para colmo, Luisa discutía con Elvira sobre que día de la semana era. A sus veinticuatro años y siendo la mayor de los hermanos a duras penas imponía su criterio. Quizás por que tan solo les separa un año, quizás simplemente por entender que las normas eran las normas y había que cumplirlas. Así que Luisa ha terminado claudicando ante las explicaciones de Elvira. La cena terminó como siempre, entre ruido de platos y reparto de tareas. Apenas un rato frente al televisor y a desfilar de forma ordenada hasta la cama.

Elvira ha esperado hasta que solo se oyen  respiraciones pausadas y profundas y algún ronquido ocasional. Se levanta cuidadosamente, y tan despacio como siempre, recorre la distancia que la separa de la habitación. Abre la puerta muy despacio. Observa como Antonio vuelve la cabeza hacia ella y rápidamente se deshace del camisón para meterse en la cama junto a él. Hoy es martes y ella cierra la ronda. Así lo decidieron todas las hermanas el día que Antonio, su hermano mayor,  despertó recobrando la conciencia. El accidente apenas le permitía mover los brazos y la cabeza, ni tan siquiera razonar y recordar su nombre. Pero lo mejor de todo aquello es que su ceguera le impedía vernos el rostro. Hablar, era lo de menos. Mi padre y su extrema religiosidad quiso que la civilización no nos corrompiera después de lo ocurrido, aislándonos a kilómetros de ella. Pero la naturaleza sigue su curso y desaprovechar lo bien dotado que estaba nuestro hermano… era una autentica pena.


                                                                                                          Jesús Coronado

11 oct. 2012

El Manuscrito I: El Secreto

EL MANUSCRITO I  (Blanca Miosi)



Título: El Manuscrito I El Secreto
Autora: Blanca Miosi
Editorial:  Ediciones B
1ªEdición : Mayo 2012


Sinopsis:

Nicholas Blohm, un escritor frustrado, encuentra cierto día en el parque a un extraño personaje: un comprador-vendedor al peso de libros usados. El hombrecillo reconoce a Blohm y decide regalarle un manuscrito muy especial. El escritor empieza a leerlo, pero cuando lo cierra desaparece todo lo que había escrito. Se desespera, pues su intención es apropiarse de la novela, y en medio de su ansiedad por encontrar respuestas decide buscar en Internet. Los personajes del manuscrito existen, y está ocurriendo justo lo que decía la novela.

Para encontrar a los personajes viaja a Roma y, en Catorce trepidantes días, deberá descubrir junto al personaje principal el secreto dejado por el conde Claudio Contin-Massera a su sobrino. Así arranca una búsqueda que los llevará desde bibliotecas encadenadas hasta las catacumbas de Armenia y la isla de Capri.

Autora:

No conocer a estas alturas a Blanca Miosi si uno se mueve a través del éter informático es muy raro. Precursora de lo que se ha dado en llamar “Generación Kindle” forma parte, junto con otros autores, de este grupo que tienen en común su decisión de auto publicarse en formato digital y realizar una promoción personalizada a través de las redes sociales. Ensalzado a veces y vilipendiado otras, lo cierto es que los autores del citado grupo cuentan con una calidad  literaria comparable a escritores de renombre que se limitan a la novela impresa y que a veces realmente simplemente venden por su nombre y por la editorial que los avala.

 Blanca nace en Perú pero vive desde hace años en Venezuela.  Escritora con varias obras publicadas en formato impreso  y digital “El pacto” (2004), La búsqueda (2008 ganadora del Thriller Award 2007) y “El legado” (2009). Y además en formato digital “Dimitri Galunov”, “El cóndor de la pluma dorada” y “La última portada” así como algún que otro libro de relatos y diferentes colaboraciones en antologías con otros autores.

Autodidacta, decide auto publicarse y entra de lleno en Amazon ocupando rápidamente los primeros puestos con El Manuscrito I  en España, lo que hace que Ediciones B se fije en ella y decida publicar la novela en formato impreso. Actualmente varias de sus obras ocupan los primeros puestos en este portal en distintos países.

Autora muy unida a sus lectores, demuestra que ser escritor y mantener una gran interacción con los mismos es posible. Algo que otros autores consagrados deberían aprender. Además mantiene un blog activo que merece la pena visitar, ya que  realiza una labor de divulgación envidiable para todos aquellos que quieran iniciarse en el difícil mundo de la literatura impresa o virtual. Esta es su dirección:



Opinión:

Solo hay que leer el prefacio para que el Manuscrito I te enganche. Recuerdo que Blanca, en una de las entradas de su blog, escribió lo que para ella eran las normas principales para escribir un best seller, decidiendo poner en práctica las mismas en su siguiente obra. Y así nació el Manuscrito I, posiblemente la obra más vendida de las publicadas por ella. En esta novela Blanca nos introduce de lleno en la intriga desde el inicio, con un manuscrito muy particular que obliga a su protagonista Nicholas Blohm, a encontrar a los personajes descritos en el mismo con la sorpresa de que estos son reales y que, además, se encuentran vivos, coleando y viviendo las circunstancias que el manuscrito describe. Y para colmo con un gran secreto que  él mismo ayudará a descubrir a través de la interrelación con ellos y las situaciones que la misma provoca.

En cada capítulo la autora nos va dejando  con una intriga pendiente de resolver  que hace desear continuar con la lectura para desvelar cuanto antes la misma, pero que a su vez no hace sino dejar paso a una nueva. El Manuscrito I es un libro muy fácil de leer, sumamente entretenido y escrito con un lenguaje no rebuscado que conecta rápidamente con el lector. Y desde luego, con un final tan sorprendente como el inicio.

Muy recomendable.


                                                                                            Jesús Coronado -

25 sept. 2012

El bolero de Ravel

           
                     
                          

       Desde hacía dos años aproximadamente, mis relaciones sexuales habían sido algo muy personal entre yo y mi mano derecha. La forma en que mi novia me plantó, me dejó sicológicamente muy tocado.

         La incorporación a la plantilla de Luisa fue el punto de inflexión. El personal masculino del despacho andaba babeando tras ella, intentando conseguir sus favores. Pero Luisa era mujer curtida y sabía darles esquinazo de forma rápida y descarada, lo que convirtió en una competición el conseguir una cita. El que lograra echarle un polvo, tendría la admiración y el respeto de todos, incluso el del jefe que también había realizado algún intento.

          Mi situación personal y mi alienación sicológica me hicieron no darle importancia a la algarabía montada, así que nunca intenté ligar ni tirarle los trastos. Pero mi inexperiencia con las mujeres y falta de ánimo no me dieron pistas hasta que ya fue demasiado tarde, ese era mi atractivo. En el plazo de un mes me convertí en su confidente. Fue entonces cuando me percaté de que Luisa era una mujer de bandera.  Metro setenta, piernas interminables, curvas marcadas a lo Claudia Cardinale y unos pechos con una moderada exuberancia que los hacía doblemente deseables. Sus ojos, de un azul insultante. Y además, rubia. Aunque sus cejas no eran del mismo tono que su melena pero ¡Qué demonios! Con un poco de suerte podría descubrirlo mas tarde. Así que intente utilizar esa situación a mi favor y después de decirme que sí al primer café, el resto fue rodado. Al cabo de quince días un hotel de carretera en las afueras nos recibía para pasar una tarde de desenfreno sexual.

          La cosa pintaba bien. El bolero de Ravel de fondo y una mujer que nada tenía que envidiar a Bo Derek. Yo y mi mano, no dábamos crédito a lo que nuestros ojos veían y la excitación era tan enorme que cuando descubrí que era rubia de bote, ya había manchado mis calzoncillos. Me los quité rápidamente lanzándolos al suelo para que no se percatara de lo ocurrido y me metí en faena dispuesto a darlo todo. De hecho, cinco minutos más tarde lo volví a dar todo mientras daba cuenta de sus pechos. Sabedora de mi situación de abstinencia le restó importancia. Y rápidamente se metió en faena, así que cuando notó que había recuperado la forma, pensó que era mejor aprovechar mientras podía y se colocó a horcajadas sobre mi. Tres movimientos  fueron suficientes. Tuve que irme con la música a otra parte.


           Cuando llegué al despacho al día siguiente tenía sobre mi mesa un paquete y una nota.

           “Nunca he conocido a un hombre cuya fase de recuperación entre eyaculaciones fuera tan corta, pero he de confesarte que tampoco he conocido a un hombre que eyacule con tu rapidez. Tres veces en diez minutos es todo un record. Tu calzoncillo te ha delatado. Consuélate en haberme echado el polvo más corto de mi vida. Aunque para serte sincera yo  ni lo olí de cerca.  Luisa”

           Abrí el paquete. Era un libro. “Domina tu orgasmo. Controla tu eyaculación precoz”.  Pensé que aún había esperanza con Luisa, pero durante una larga temporada, yo, mi mano y el bolero de Ravel  volveríamos a ser íntimos amigos.


                                                      Jesús Coronado (Jecobe)


 

10 sept. 2012

Reseña: "El Godo"

EL  GODO  (Victor J. Andrés)





Autor: Victor J. Andrés
Editorial: Ediciones Robla          
Autor:   Victor J. Andrés
Año edición:   2011

                       
Sinopsis

El Godo cuenta la vida de Martín, un joven de origen godo que se ve obligado a salir de su aldea en las profundas montañas de León para buscar a su padre y convertirse en sanador. A lo largo de su vida irá viajando por una Hispania convulsionada por las intrigas entre los reyes visigodos. Conocerá desde joven a Don Pelayo y participará con él en la batalla de Guadalete, donde los musulmanes vencerán al rey Don Rodrigo e invadirán la península ibérica dando fin al reino visigodo. Aprenderá de los árabes la medicina de su época y por el camino varias mujeres marcarán su destino, que llegará a su cenit cuando vuelva a combatir al lado de Don Pelayo en la batalla de Covadonga tras la que se fundará el Reino de Asturias.

Autor

Victor J. Andrés nació en León allá por el año 1967. Hombre polifacético donde los haya, se aficionó a la historia y la geografía desde muy joven e hizo de la lectura uno de sus vicios favoritos (tiene otros). Decidió hace algo más de un año utilizar su afición para lanzarse a la aventura de escribir un libro, dando como resultado El Godo, su primera novela.

Ha participado como colaborador en prensa escrita y actualmente dirige una tertulia literaria en su ciudad de adopción, Alicante.



Opinión

Victor J. Andrés nos traslada en este su primer libro, a la España  de la alta edad media donde junto con el protagonista de su novela, Martín, vamos a vivir el inicio de la conquista musulmana y el final del reino visigodo a lo largo del siglo VIII.

Con una prosa ágil y de fácil lectura, el autor de esta novela arranca con un primer capítulo que ya nos engancha desde sus primeras líneas haciendo difícil dejar de seguir leyendo, sabiendo jugar perfectamente con la tensión e intriga al final de cada uno de ellos. Buen conocedor de las zonas que describe con todo detalle, Victor realiza un trabajo de investigación previo y descripción histórica que entrelaza perfectamente con las andanzas de sus personajes,  implicándolos en hechos  tan importantes como la batalla de Guadalete o la de Covadonga junto a Don Pelayo.

Libro muy recomendable, con gran rigor histórico y que de forma muy amena nos termina implicando en la evolución personal de  Martín, su personaje principal, con el que reiremos, amaremos y lloraremos, hasta tal extremo que llegaremos, en determinados momentos, a odiar al autor de la novela.

He de comentar que me ha sorprendido la descripción de los remedios médicos que realiza de la época, así como de los guisos y alimentos que aparecen a lo largo del libro. Pues aunque puede parecer no tener importancia, hacerlo con coherencia y rigor conlleva una dificultad añadida que Victor J. ha sabido solventar con conocimiento y maestría. Aun me parece paladear las “manzanas conservadas en miel” que Martín come con placer en unos de los primeros capítulos.

En fin, un primer libro este de un autor novel que con personajes muy bien definidos y localizaciones descritas de forma magistral, hará pasar un buen rato a los lectores tanto amantes de la novela histórica como del género de aventuras.


Jesús Coronado


4 sept. 2012

Participación de Jesús Coronado en la ANTOLOGIA PROSADICTOS

Como resultado del aniversario del foro donde participo junto a otros compañeros, surgió la idea de realizar en comunidad un libro de relatos. De la idea se pasó a una acción concreta y esta acción dio como fruto la Antología Prosadictos.

En ella participamos once autores diferentes, con estilos diferentes que quedan plasmados en la diversidad de la temática de los relatos. 

El resultado: 110 páginas de prosa variada, de una calidad notable, con una edición cuidada y disponible para descargar o leer online de forma gratuita.

Los relatos y autores que componen la antología son los siguientes:

- "La doble espera", de José García Montalbán.(Jósgar)

- "Huesos de cristal", de Zacarías Montano (Gin)

- "Melodía asesina", de Juan Antonio Marín.(Juanan)

- "Entre tú y yo", de Mónica Bezom.(Turkesa)

- "No apto para escritores" , de Blanca Miosi.(B.Miosi)

- "La sentencia", de Fernando Hidalgo Cutillas.(Panchito)

- "Con nombre de mujer", de Jesús Coronado.(Jecobe)

- "El lugar adecuado, el momento preciso", de Vanessa Navarro Reverte.(Madelyne Blue)

- "Asesinato en París", de Milagros García Zamora.(Milagros)

- "Historia sin nombre", de Mario Archundia.(Pesado67)

- "Sin la mosca", de Daniel A. Franco (Dan)

Con mi agradecimiento al resto de compañer@s, dirijo uno muy especial a Daniel A. Franco, por su gran trabajo de coordinación y maquetación, realizando un trabajo encomiable. Un placer compartir letras con todos ellos.

Aquí podéis acceder a la versión de lectura online en ISSUU.
 
 
 
Si quieres bajarte el libro en PDF pincha en el siguiente enlace: http://antologiaprosadictos.blogspot.com.es/ Que disfruteis de la lectura y espero vuestros comentarios.

31 ago. 2012

La carretera



"Uno cree que la carretera nos traslada a un nuevo mundo lleno de aventuras, de libertad. Pero donde realmente nos lleva es a la realidad de la vida, a veces, en estado puro".


La Carretera


        Hasta el último vello de su cuerpo se erizó cuando empezó a beber suavemente el dulce licor que había depositado sobre su pubis y, que resbalando hasta sus partes mas íntimas, él, con una dulzura olvidada por ella, empezaba a recoger haciendo que su cuerpo se tensara hasta arquearse como la cuerda de un arco, y cuando estaba a punto de perder la noción del tiempo,  sus ojos se convirtieron en párpados…y lo sintió dentro. Primero muy lentamente; después en un vaivén acompasado, hasta que sus cuerpos y sus mentes se unieron en un baile único y frenético. Y al fin Sara estalló en una fanfarria de sensaciones, una y otra vez, hasta que perdió la cuenta, hasta que sintió como le besaban dulcemente el cuello, como sus brazos   le rodeaban su cintura y el pecho. Y un susurro… ¡Te quiero!

        Entonces se sintió suya, y se acurrucó entre sus brazos buscando ese calor agradable que su cuerpo despedía. Volvió su cabeza y sin contestar, se limitó a sonreírle, y besándole en los labios sintió como sus ingles recuperaban la sensación que había sentido al principio de su encuentro,  una agradable desazón y calor que le incitaba a sentarse a horcajadas sobre él para empezar el baile de nuevo…  Pero el dolor que sintió en la rodilla hizo que sus ojos de repente,  dejaran de ser párpados y notó ese jadeo con olor desagradable que le producía asco en el cuello, enfrentándole al interior de un coche, a un rostro que no conocía y que tras vaciar su necesidad la apartó sin delicadeza, sin susurrarle al oído. Sólo dos billetes de veinte y una sonrisa mellada.

        El frío de la noche le hizo  tapar lo poco que podía con la ropa que le obligaba a exhibir su mercancía. Se acarició la rodilla y la marca que la palanca de cambios le dejó. Otro recuerdo más, pensó mientras volvía al arcén de la carretera. A sus veintiún años Sara había recorrido muchos kilómetros y no pocas carreteras, todo por una mala decisión. Porque a los dieciocho todo se ve de otra manera y ser rebelde te envalentona para creer que puedes comerte el mundo. Pero al final…el mundo te come a ti. Y es tan difícil que te vomite para dejarte tranquilo.

        La luz del coche que para a su lado la vuelve a su realidad cotidiana. A decir que sí, enseñando lo poco que su escote esconde. A volver a imaginar a un hombre sin rostro que la trate como una mujer de verdad, como a una princesa. Y bajo la atenta mirada de su chulo que la vigila desde un lugar escondido, Sara sube al coche para volver a imaginar que la rescatan de esta vida… que no es vida, aunque el mundo se empeñe en hacérselo creer una noche tras otra.

                                                                                         Jesús Coronado (Jecobe)

20 ago. 2012

FEDERICO GARCIA LORCA






FEDERICO GARCIA LORCA (1898-1936)

        El 19 de Agosto de 1936, un mes después del inicio de la Guerra Civil, Federico Garcia Lorca era fusilado en Viznar (Granada) poniendo fin a una de las figuras representativas de lo que se conoce como Generación del 27.
        Federico nace en el seno de una familia de posición económica desahogada un 5 de junio de 1898 en el municipio granadino de Fuente Vaqueros. Posición que le permite obtener una cuidada formación que le llevó a Madrid a cursar estudios de Derecho, profesión que nunca ejerció, pero que le ofreció la oportunidad de conocer a escritores y artistas de la talla de Dalí, Buñuel y Emilio Prados entre otros, consolidando su ya bien patente vocación artística.
        Pero la intención de estas letras no es dar a conocer su biografía, sino ofrecer mis respetos a un artista polivalente y de inteligencia lúcida, con una capacidad creadora por encima de cualquier discusión, que le llevó a ser músico, dibujante no profesional, director de escena, excelente recitador, poeta sensible y dramaturgo comprometido, y que unas mentes limitadas pusieron fin a su vida  simplemente por no compartir sus ideales políticos, por rencillas personales entre caciques o por dejar abiertamente claro su tendencia sexual. Algo que desgraciadamente se viene repitiendo a lo largo de la historia una y otra vez.
        Curiosamente la obra de Garcia Lorca se centra en dos cosas “amor y muerte”. Premonitorias quizás, pues el amor a su tierra Granada le hizo desoír los consejos de sus amigos para que no volviera a ella, decisión que le llevó a la muerte,  reflejada en su obra teatral sobre todo, porque quizás la sentía tan cerca que no se atrevió a esquivarla.
        Como muestra de su obra y mi respeto. Dejo este pequeño soneto “Llagas de amor”,  su historia de un amor imposible. Y porque considero que el amor y la muerte van unidos. Se ama y se muere, se muere y se ama. Un amor no correspondido nos hace morir  poco a poco; un amor correspondido nos mata de otra forma, pues ya no somos los mismos y morimos poco a poco sufriendo por no perder ese amor correspondido. Pero ¿acaso hay algo mejor que morir de amor? Yo creo que no.


Llagas de amor
Esta luz, este fuego que devora.
Este paisaje gris que me rodea.
Este dolor por una sola idea.
Esta angustia de cielo, mundo y hora.

Este llanto de sangre que decora
lira sin pulso ya, lúbrica tea.
Este peso del mar que me golpea.
Este alacrán que por mi pecho mora.

Son guirnaldas de amor, cama de herido,
donde sin sueño, sueño tu presencia
entre las ruinas de mi pecho hundido.

Y aunque busco la cumbre de prudencia
me da tu corazón valle tendido
con cicuta y pasión de amarga ciencia.

Federico Garcia Lorca


Jesús Coronado (Jecobe)  2012

1 jun. 2012






Julia



        ¡Me voy! Dos palabras que Julia acompañó con un  portazo que la separaba de él. Sólo dos palabras, pero que decían tanto con tan poco. Decían basta de recibir insultos y menosprecios continuos que la humillaban como si sólo fuera un objeto de usar y tirar. De recibir golpes cuando menos se lo esperaba tan sólo por responder... tan sólo por mirar. De aguantar los abusos y vejaciones cuando el alcohol rebosaba, obteniendo a la fuerza lo que ella tanto estimaba y sólo deseaba entregar a cambio de un poco de ternura y amor. Él decía que el desempleo pasa factura en la vida de la gente, pero en el fondo lo que no aceptaba de buen grado era que el único sueldo que entraba en casa fuera el de ella. Su orgullo de macho no le permitía ese tipo de cosas, y la forma de aplacar su hombría era demostrarle a base de golpes quién era el que llevaba los pantalones en casa. Julia nunca  lo entendió. Aún hoy, mientras cierra la puerta del ascensor, se pregunta que le ha hecho cambiar, o simplemente si se enamoró de la parte que él quiso que conociera hasta hacerla suya.

        Pero esas dos palabras le habían hecho volver a la vida. Sólo se llevo lo justo en una pequeña maleta que arrastraba con una ilusión renovada. El resto, solo traía malos recuerdos. Después de todo con sólo dos años de matrimonio, tampoco hubo tantos ratos buenos.  

        Y Julia al fin fue libre. Pero no de la forma que ella quería serlo, pues hasta en el último momento él, tenía que decir la última palabra. Cuando Julia abrió la puerta del ascensor Pedro ya la estaba esperando. Había bajado la escalera a tal velocidad que llegó antes que ella al zaguán de la entrada, y allí estaba, con esa mirada desafiante que tanto la inquietaba y las manos en la espalda. Volvió a insultarla alzando la voz, pero Julia sólo le devolvió silencio por respuesta. Pedro, con gesto rápido y seguro se limitó a poner el revolver que escondía en su frente y, sin mediar palabra, le descerrajó cinco tiros a bocajarro. Y mientras observaba caer el cuerpo como si de una muñeca de trapo envuelta en  rojo carmesí se tratara,  cínicamente le dijo: “Por fin eres libre, pero no te hagas ilusiones, no será por mucho tiempo”  Metió el cañón del revolver en su boca… y apretó el gatillo.    



                                                                Jesús Coronado - 052012



21 may. 2012

Odette

     


                        Odette


  Algunas personas buscan la quietud de sus mentes en el campo, bajo la sombra de los árboles, acompañados por el sonido del aire entre las hojas y el canto de los pájaros. Otros la buscan escuchando música clásica, jazz o incluso blues. Y en menor número, lo buscan en técnicas orientales como el yoga o el taichí. Ella pertenecía a un grupo mucho mas reducido. Sólo conseguía calmar sus oscuros pensamientos en aquella sala del museo, frente al cuadro donde su protagonista le ofrecía una sonrisa apenas esbozada, una sonrisa enigmática, una sonrisa que sólo comprendía ella. Llegó a la conclusión de que demostraba un cinismo encubierto, una vida desvergonzada y libertina que ocultaba tras aquella sonrisa, puro escaparate que el pintor, cómplice de su desvergüenza, plasmó en aquel lienzo del siglo XVI.

         La verdad es que Odette deseaba fervientemente poder ostentar esa sonrisa en su rostro  como muestra de su desvergüenza y pasión desenfrenada. Pero Odette no era así, ni tan siquiera tenía un cómplice pintor que dibujara sus sueños y la transportara a otros mundos de pasión y lujuria. Odette tenía que conformase con imaginar, y sólo aquel banco que se encontraba frente al cuadro le permitía hacerlo en solitario.

         Lo primero que percibió Odette fue su perfume. No le hizo falta girar la cabeza para saber que se había sentado a su lado. De hecho, no era la primera vez que lo hacía. Como ella, iba al museo a diario. Como ella, contemplaba aquella pintura durante largo rato sin articular palabra. Ninguno de los dos había intentado iniciar conversación alguna, ni tan siquiera una mirada directa. Solo de soslayo a través del rabillo del ojo. Pero hoy fue distinto. Quizás fuera el hecho de que al sentarse en el banco junto a ella sus pieles se rozaron, provocando en Odette que un fuego abrasador le recorriera por dentro hasta depositarse en sus ingles. O quizás, simplemente, porque Odette ya había esperado bastante y decidió esbozar de una vez por todas, esa sonrisa cínica que tanto admiraba en aquel cuadro.

         Una semana después, Odette yacía junto a su pintor en un pequeño apartamento junto al Sena luciendo su ansiada sonrisa. Resultó ser un artista bohemio que había sido capaz de vivir del arte desde su más temprana juventud, lo que la fascinaba y aumentaba su deseo hasta convertirlo en pura lujuria. Con él, había descubierto un mundo nuevo que empezaba a girar peligrosamente sobre el sexo y sus variantes más excitantes y peligrosas. Era todo un maestro que supo dirigirla y llevarla a terrenos donde el placer tomaba su cuerpo hasta llevarlo a un espasmo convulso que la dejaba totalmente exhausta.
                                                         
         Aquella mañana de domingo Odette se despertó antes de lo habitual. Tenía sed después de una larga y agotadora noche donde su artista volvió a dibujar en cada rincón de su cuerpo, así que bajo hasta la cocina y se sirvió un gran vaso de agua fría. Mientras lo apuraba, su vista se detuvo en la puerta. Aquella que no había abierto hasta hoy. La que él le había prohibido expresamente argumentando que era su estudio, donde daba rienda suelta a su creatividad. No quería que nadie viera sus obras antes de ser terminadas. Pero su curiosidad pudo más. No terminó de entender si fue el fuerte dolor que sintió en su cabeza o el insoportable olor a cera derretida que sintió al mismo tiempo y que le penetró hasta las entrañas haciéndole perder el equilibrio y rodar por las escaleras antes de perder el conocimiento. 


         Hoy, Odette, sigue conservando su enigmática sonrisa, la que esconde una desvergüenza lujuriosa con la complicidad del artista. Una sonrisa, que al igual que hizo ella, se preguntan que oculta quienes la observan sentados en el banco de aquella sala del Museo de Cera Grevín de Paris.

                                                                                             

                                                                                    Jesús Coronado (2012)


3 may. 2012

LUISA





            Conocí a Luisa en primero de básica. Su sonrisa y el caramelo compartido, hicieron que me enamorara de ella al instante. Recuerdo que me convertí en su fiero paladín, luchando por sus causas perdidas y defendiéndola de malvados villanos que osaban acercarse con malas intenciones. De hecho, Ricardo, el villano del pupitre de al lado, fue el primero en romperme la nariz por una pequeña disputa relacionada con un chicle de menta. 

            Los años pasaron para los dos y mi amor creció en la misma medida que mi afán de protección. A mis dieciséis, seguía siendo su paladín... sólo su paladín.

            He recibido una llamada de Luisa esta mañana. Su relación con Antonio no funciona. Me ha extrañado que me llamara. Aunque sé perfectamente cuales son sus movimientos y avatares, hace ya muchos años que dejó de ponerse en contacto conmigo para contarme sus penas. La desaparición de su primer novio, Pedro,  dio como resultado su falta de comunicación, pero no me importaba. Juré que cuidaría de ella. Mi determinación era firme, y su rechazo en bachiller solo hizo que me reafirmara en la misión.

Su vida ha sido un ir y venir constante. A veces pienso que simplemente quería huir de mí, pero el destino me ha hecho desplazarme casualmente a los mismos sitios que ella. Cuestiones de trabajo.

La cafetería está concurrida. Yo hubiera preferido algo más íntimo, pero no ha querido. La veo nerviosa, fumando sin parar y moviendo su pierna derecha desde que llegó y se sentó en la terraza.  Salgo del coche aparcado en la esquina y me acerco mientras vienen a mi mente los recuerdos de su ajetreada vida… y de la soledad de la mía.

Se ha sobresaltado cuando me ha visto. Me dice que no puede seguir así, que su vida no es vida. Y no me extraña que piense así, Antonio es el sexto novio y en todos he visto miradas de menosprecio, actitudes ofensivas hacia ella, falta de amor. Precisamente lo que a mí me sobra.

Mientras pienso en esto, Luisa rompe a llorar y a mi me rompe el alma. Entre sollozos y miradas acusadoras la convenzo para salir de la cafetería. Le prometo que todo acabará a partir de ahora. A nuestra edad creo que ya es hora de que ambos empecemos a ser felices.

Abro el maletero del coche y, con sumo cuidado, deposito su cuerpo en el suelo. Su ajetreada vida y sus viajes de ida y vuelta ya han terminado. Voy a dejarla en compañía de Pedro, Juan, Alfonso, José y Alberto. Creo que es lo mejor para ella.

De Antonio ya me encargaré más tarde.

                                                                                               

                                                                                                                       Jesús Coronado